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  • Joan Miquel

Espejito, espejito

Sobre los reflejos que vemos y los que no.





Apuesto lo que quieras a que cada día te ves reflejadx en algún espejo. O en algún cristal. Ni que sea en un escaparate cuando vas por la calle. Y en ese reflejo te ves a ti mismx. Ves tu cuerpo. Tu cara. La ropa que llevas puesta. Adivinas, a través de lo que ves, si tienes aspecto de cansadx o tienes el guapo subido. A veces, quizás te “retocas” un poco. Te arreglas el pelo. O te colocas bien la camisa. Y en ocasiones, seguro que hasta decides cambiarte de ropa si lo que has elegido no te queda como recuerdas que te quedaba la última vez que te lo pusiste.


Utilizamos los espejos [bueno, nuestro reflejo en ellos] para tomar conciencia de qué aspecto tenemos. Y así podemos modificar aquello que no nos gusta de él. Es un hecho que tenemos totalmente interiorizado y que realizamos continuamente.


De lo que no somos tan conscientes es de otro tipo de reflejos que también recibimos a diario. Y que también nos dan información sobre nosotrxs, aunque esa información no tiene mucho que ver con nuestro aspecto físico.


“Si localizamos algo en alguien, ese algo está diciéndonos cosas. Cosas nuestras, claro.”

Todo lo que vemos en lxs demás [y no me refiero al aspecto físico] no es más que un reflejo de nosotrxs mismxs. Lo que nos encanta y lo que nos molesta. Si localizamos algo en alguien, ese algo está diciéndonos cosas. Cosas nuestras, claro.


De todo esto habla la Ley del Espejo, de la que seguramente ya habrás oído hablar en más de una ocasión. La susodicha ley se basa en 4 afirmaciones muy simples [con las que no puedo estar más de acuerdo]. Por si no tienes ni idea de lo que estoy hablando, te las chivo. Creo que hablan por sí solas.


La primera dice que “todo lo que me molesta, me cabrea o quiero cambiar dentro de otras personas, está dentro de mi”.


La segunda, “todo lo que otras personas critican o juzgan sobre mí, si me molesta o me pica de alguna manera, está dentro de mí [y estaría genial que lo trabajara]”.


La tercera recoge que “todo lo que me gusta de las otras personas, lo que me flipa de ellas, también está dentro de mí”.


Y por último, la cuarta: “todo lo que otras personas critican, juzgan, o quieren cambiar en mí sin que me afecte, tiene que ver con ellas”.


Repito que no puedo estar más de acuerdo con estas cuatro afirmaciones. Porque es tal cual. De hecho, creo que nuestra vida entera es un espejo que nos va devolviendo reflejados [tolrato] nuestros pensamientos, sean estos como sean.


“... hemos de ser capaces de vernos reflejadxs a nosotrxs mismxs en muchas otras personas [espejos], para que cuando hagamos de espejos conscientes, el reflejo que emitamos este esté lo más limpio posible.”

Y con tanto reflejo, me estoy viendo reflejado y me está viniendo a la cabeza [sobre la marcha] mi trabajo como Coach. En cierto modo, como decía Borja Vilaseca en su libro Encantado de conocerme, los Coaches “pueden llegar a convertirse en espejos donde los demás nos veamos reflejados”. De hecho así funcionaba Sócrates. Y Confucio. Utilizaban preguntas poderosas soltadas en el momento idóneo con la finalidad de que la persona con quien hablaban descubriera por sí misma lo que era mejor para sí misma.


Y creo que, para poder reflejar a lxs demás de forma limpia y clara [y sin interferencias personales], los Coaches hemos de ser capaces de vernos reflejadxs a nosotrxs mismxs en muchas otras personas [espejos], para que cuando hagamos de espejos conscientes, el reflejo esté lo más limpio posible. Solo así seremos reflejos fieles y útiles para las personas que confían en nosotrxs.


Si no somos capaces de hacerlo, podremos ser muy buenxs aplicando un método y unas técnicas. Pero jamás conseguiremos que se manifiesten de lxs demás, a través de nosotrxs, cosas que sólo tengan que ver con ellxs mismxs.


Qué lío tan inspirador… ¿Y tú, dónde te ves reflejadx?


© 2020 by Joan Miquel. Todos los derechos reservados.

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